Estimado David, 
dices que te surjen muchas dudas y me preguntas mi opinión sobre los deberes. Aunque ya la he expresado en varios lugares, voy a decirte lo que pienso al hilo de un par de intervenciones que últimamente se han expresado en contra de la huelga en las redes.
Personalmente, estoy a favor porque creo que suscita dudas y preguntas, justo lo que te ha pasado a tí, y aunque a veces sean incómodas, pienso que reflexionar sobre algo, no darlo por cerrado y evidente siempre es saludable. Pero tengo varios amigos, algunos profesionales a los que admiro, que están en contra y respeto su opinión, y cuando podemos debatimos. Porque si en algo estoy de acuerdo con esta madre es en la necesidad de diálogo que tenemos en este país...También creo que tiene mucha razón cuando señala lo negativo que es para niños y niñas que convirtamos su vida en un campo de batallas adulto: con la pareja, con los abuelos, con los profesores...Es verdad que a veces somos inmaduros, proyectamos nuestras insatisfacciones sobre los pequeños y los utilizamos para no enfrentar nuestras debilidades, nuestros miedos. Pero, afortunadamente, la mayoría intentamos hacerlo lo mejor posible. Me parece que tanto padres como profesores y también los niños y ni´ ñas, merecemos todo el respeto, y es fundamental que trabajemos juntos, codo con codo, en la educación de las criaturas y en nuestra propia educación. Como ya he señalado, desde mi punto de vista la intención de la huelga no es ir en contra de los profesores, de hecho muchos la apoyan, sino a favor de los niños y las niñas. Y en este sentido, si las batallas no son saludables para ellos, la disensión y el diálogo sí que lo son: mostrar cuando estamos en desacuerdo es ser un buen modelo, dar un magnífico ejemplo. Si no decimos lo que pensamos, con todo el respeto, les estamos enseñando a callar sus propias ideas y sentimientos, en lugar que se sientan libres para expresarlas, en una sociedad más igualitaria y democrática. Pero como te decía, es una cuestión muy personal. Generalmente, nos referimos a nuestro pasado, a nuestra propia infancia para hallar una respuesta, y si nuestra educación ha sido convencional, con deberes y exámenes y no nos ha ido demasiado mal, concluimos que deben ser buenos. Quienes hemos tenido la suerte de vivir otra escuela, aunque fuese solo unos pocos años, sabemos que se puede aprender, incluso mejor, con mayor bienestar, sin todas esas cosas. Una de las principales razones por las que estoy en contra de los deberes, en general, es porque nunca he visto a un niño o una niña que estuviera feliz haciéndolos. Y sin excepción, todas las niñas y niños con los que he hablado, hecho entrevistas, grupos de discusión etc, siempre me han dicho que son demasiados (la presión académica que soportan los niños y niñas de hoy no tiene comparación con la que recibíamos antes), que les parecen repetitivos y aburridos, que no suelen estar coordinados entre los profesores y que les quitan tiempo de juego y descanso. Sobre la presión recuerdo a un niño que me dijo: si no hago los deberes y saco buenas notas, de mayor seré mendigo y tendré que dormir en la calle. Hace tan solo unos días en Perú, cuando les pregunté a unas niñas que llevaban uniforme si preferirían ponerse pantalones en lugar de falda, me contestaron que sí pero que nunca lo harían porque les bajarían la nota o las suspenderían. No creo que sea bueno para los niños que vivan, crezcan y se eduquen con miedo. Después está la situación particular de cada familia (a algunas les sirven tal vez, a otras se les quedan cortos y a otras posiblemente les sobrepasen), así como el tipo de tareas que se plantean, su sentido etc. Hay muchas cosas que revisar, y estoy totalmente de acuerdo con Jaume Funes en que deben convertirse en una vía más para transformar la escuela, para adaptarla cada vez más no a lo que pensamos los padres y madres, ni los profesores, ni los políticos de turno, sino a las necesidades auténticas de cada niño y de cada niña. Como ves podría seguir escribiendo sobre esto toda la noche, pero tengo que descansar. Espero que te sirva. Un fuerte abrazo a toda la familia
Estimadas lectoras,
Con mis queridos amigos Pilar y Javier, de Ur Tanta Eskola, hemos organizado un fin de semana de encuentro y reflexión sobre dos temas que a todas nos preocupan:
- La gestión de la tecnología en la infancia:
¿Qué efectos tienen las nuevas tecnologías sobre los niños y las niñas? ¿Son todas las pantallas iguales? ¿Cómo utilizarlas para que sean beneficiosas en las distintas etapas? ¿Se pueden compensar sus efectos negativos? ¿Cómo equilibrar su uso con otras actividades? ¿Tengo que poner límites? ¿..?
- Y El desarrollo autónomo de niños y niñas:
¿Qué papel juega la autonomía en el desarrollo infantil y juvenil? ¿Por qué es tan importante? ¿Cómo apoyo a mi hijo o alumna para que desarrolle plenamente sus capacidades? ¿Qué tipo de acompañamiento realizar según el ámbito, la edad y las cualidades de cada criatura? ¿Cómo encontrar un equilibrio entre la invasión y la negligencia o el abandono?
Espero que la nieve venga a visitarnos en el hermoso mes de enero navarro.
Un abrazo y hasta pronto!





“Sí señorito. A mandar que pa eso estamos”, repiten de carrerilla, con la mecánica inconsciencia de dos autómatas, Régula y Paco, protagonistas de Los Santos Inocentes, la famosa novela de Miguel Delibes, llevada magistralmente al cine por Mario Camus. Todo un retrato de la España Negra, brutal y opresora, enemiga de la razón y la inteligencia, visceralmente conservadora. Poblada de individuos conformistas y sumisos, sin derechos ni dignidad, esclavos a los que se ha arrebatado su voluntad… y hasta su alma: “esa Milana bonita”.
Un país que Giner de los Ríos y sus compañeros de la Institución Libre de Enseñanza intentaron transformar, hace más de un siglo, con dos sencillos pero poderosos remedios: educación y cultura.
La confianza en las virtudes liberadoras de la pedagogía animó, sin duda,  gran parte de sus reflexiones, acciones y desvelos: ¿Cómo enseñar a los españoles a ser dueños de sí? ¿Cómo educarlos para conseguir “lo único que nos hace falta: un pueblo adulto”? .
Pasar de la dependencia, que caracteriza la etapa infantil del desarrollo, a la plena autonomía, a la capacidad de vivir siguiendo las propias reglas, requiere algo más que números y letras, saberes y destrezas. De hecho, la acumulación arbitraria de información y conocimientos tiene, según Giner, efectos desastrosos sobre la voluntad y el entendimiento humanos: al ser incapaz de formarse ideas propias o de tomar decisiones con criterio, el juicio oscila y la conducta resulta errática e inconsistente. Quien ha sido “medio instruido” desde la coacción (ya sea en sus formas más violentas o en las más “suaves”) tendrá que llenarse de valor para atravesar el miedo al castigo, soltar la vergüenza de sentirse “inadecuado” e imperfecto, y liberarse de la culpa por no obedecer y ser “malo”. Deberá aprender a resistir, abandonar la respuesta condicionada, el “Si señorita” y empezar a rechazar esa propina, a responder con aquel “Preferiría no hacerlo” del taciturno Bartleby, en la novela de Melville. Una resistencia pacífica que el propio Don Francisco practicó, junto a sus colegas universitarios, negándose a firmar unas condiciones abusivas, a renunciar a su derecho a pensar libremente, a comerciar con lo más preciado que una persona puede poseer: “la propiedad sobre sí misma”, en palabras del filósofo alemán Max Stirner.
Giner estaba convencido que solo una auténtica “educación interior” puede contribuir a transformar nuestra sociedad. Un concepto “topográfico” con el que no solo se distancia de las meras pedagogías adaptativas, cuya intención es amoldar a  la persona a las circunstancias laborales, sociales y culturales externas; también condensa, en dos palabras, toda una filosofía, una estrategia y una práctica educativas que, desde mi punto de vista, siguen siendo, hoy en día, de rabiosa actualidad...
Educar el ser (y no solo el hacer o el conocer) desde el interior, implica un absoluto respeto al carácter único e irrepetible de cada individuo, a su capacidad de dirigir su vida, de auto-educarse. Significa permitir y apoyar la conexión, íntima e intuitiva, con  su propia sabiduría interna, con la infinita inteligencia de la vida, que cada organismo lleva dentro de sí. Contribuir al descubrimiento de los propios valores a través de una relación cercana, intelectual y afectiva, con una persona adulta. Es practicar una formación holística e integradora que favorezca la expresión de todo el potencial humano. Y favorecer la construcción de una comunidad acogedora, cuidadosa, formada por ciudadanos con conciencia moral, libres y responsables.
En pos de esta misión, Giner estaba dispuesto a entregar su vida, aunque en voz baja, sin grandes aspavientos, con la humilde y callada labor de un maestro cualquiera. 
Hoy, ciento un años después de su muerte, es preciso rendir homenaje a un profesional ejemplar (seguramente el mejor pedagogo que hemos tenido). Permitir que su mensaje, directo y sincero, nos sigua (re) moviéndo, nos devuelva al sentido, como una brújula que nos pone en camino. Más vital y, por supuesto, más cercano que Howard Gadner. También más discreto, sin ruido, como el viento cuando no sopla. Crepúsculo de los bueyes.

Heike Freire

            
Nuestro país es el quinto de la OCDE, en una lista de 38, donde más deberes soportan los escolares (6,5 horas semanales frente a una media de 4,9 en los demás países de la UE, 2,8 en Finlandia). La Confederación Española de Asocaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) acaba de convocar una huelga de deberes para el mes de noviembre, como ya fue el caso en Francia, en 2012.
Las tareas escolares ocupan el escaso tiempo de que disponen las familias para la convivencia, convirtiéndolo en un trabajo impuesto y dirigido desde afuera. Son responsables de que la mitad de nuestros niños y niñas dispongan como máximo de una hora al día para jugar al aire libre, cuando los expertos señalan que necesitan al menos 3 o 4 diarias para que crecer sanos. Además, la mayoría de las veces consisten en la tediosa tarea de copiar enunciados de ejercicios (dicen que para mejorar la escritura...) y repetir lo que la maestra ha dicho en clase...
"Yo del cole quitaría los deberes", afirma Ainhoa, de 8 años. ¡Son muy aburridos!!!!
En los últimos años, niños y niñas han visto como la carga de deberes se ha incrementado considerablemente: "¡Mi hermano no tenía tantos!, asegura Laura, de 9 años. ¡Un día vamos a llegar a casa con un camión!. Mientras se reduce algo tan necesario como el tiempo libre: "Entre los deberes y las extraescolares, a veces apenas tengo tiempo para jugar o, simplemente, descansar", cuenta Lucía de 10 años. 

Gran parte de la sociedad española actual está muy concienciada sobre los problemas de la infancia y desea ante todo su BIENESTAR. No queremos que niños y niñas "aprendan" A CUALQUIER PRECIO. Ni pensamos que un aprendizaje basado en la repetición, la memorización, la amenaza y el sufrimiento sea el más saludable, adecuado o duradero.
Por eso, para apoyar la huelga convocada por las familias, también desde el profesorado, os sugerimos algunas ALTERNATIVAS A LOS DEBERES, esperando que os sean útiles:
1.- Si quieres potenciar la lectura, utiliza 10 min al día para que lean por turnos un pequeño artículo sobre el tema que estáis estudiando, y después invíta a toda la clase a analizar la información y explicar lo que han comprendido.  O pídeles que escriban dos o tres preguntas que les sugiera el texto.
2.- Haz pequeños grupos de trabajo para que investiguen sobre una pregunta o problema,  y permite que los más hábiles expliquen y ayuden a los que tienen más dificultades. Enseñar a otros lo que uno sabe es una buena forma de afianzar ese conocimiento y desarrollar nuevas destrezas. Además, el lenguaje cercano de los compañeros es muchas veces más accesible para ellos que el de un adulto.
3.- Deja que te cuenten sus actividades fuera del cole e inventa formas de relacionarlas con tu materia: pídeles que calculen el consumo de energía de sus familias, que  investigen la historia de sus abuelos, que escriban las recetas de sus comidas favoritas, que comenten las películas que han visto..
4.- Si quieres comprobar que han entendido un concepto nuevo, deja que se lo expliquen unos a otros en pequeños grupos utilizando el medio que mejor les convenga: texto, imagen, teatro...
5.- Dales una pregunta y pídeles que la respondan realizando una búsqueda en internet.
6.- Observa y compara: Si han podido descansar, moverse y jugar después del cole, al día siguiente seguramente estarán más centrados y atentos, porque tendrán sus necesidades mejor cubiertas.
7.-  Comparte tus ideas con los padres: Desgraciadamente, muchas familias dan prioridad a los deberes frente al juego y piensan que si sus hijos no hacen las tareas, su aprendizaje se va a resentir. Explicales tus métodos de trabajo y las ventajas del juego espontáneo al aire libre para la salud, el bienestar y un correcto desarrollo madurativo de los niños y niñas. Cuéntales que la eficacia de los deberes no ha sido probada y en cambio existen estudios que los relacionan con el estrés infantil y la baja autoestima.

Por favor, añade tus propuestas y difunde este post.
Gracias
Heike Freire




Hace unas semanas, la madre de una joven que obtuvo excelentes calificaciones en la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), manifestaba su profunda decepción con los resultados: todos aquellos años de esfuerzo reducidos a su mínima expresión, a unas cifras impersonales, grises y frías. Más allá de las oportunidades que parecen abrirse para su hija, esas esperadas puntuaciones ocultan una infancia muchas veces frustrada en su necesidad de juego, entregada por completo a la jornada escolar: “Ha sido como llenar un tarro poco a poco de conocimientos, no siempre los mejores, pero sí los necesarios e impuestos para perseguir una maldita nota”, lamenta desde las páginas de un conocido diario. En su vivencia, los números esconden emociones, ilusiones, conquistas, ausencias, sacrificios… y dejan un poso de amargor, la sensación desoladora de una victoria pírrica, de haber ganado una carrera “a ninguna parte”.  
Es la vida simplificada, medida, cuantificada, monitorizada y, por supuesto, controlada hasta la saciedad. Condensada, por ejemplo, en la serie del DNI, un super-código QR que, muy pronto, contendrá el resumen de todo “lo que somos”: fecha de nacimiento, ingresos anuales, tarjetas de débito y crédito, pólizas, matrimonios y divorcios, hijos, coches, casas, inversiones, publicaciones, operaciones quirúrgicas, amigos en FB… Un mundo mágico de símbolos y signos, de variables “discretas” que nos hacen “tocar” lo real y concreto. Pero también de abstracciones que eluden la continuidad, el entre-dos, los infinitos decimales, los espacios mínimos que permiten transitar de A a B y de Do a Re, pasando por un sin fin de microtonos. Detalles, gestos, menudencias vitales que solo nuestro delicado sistema sensorial (no los circuitos de una máquina) es capaz de registrar; que constituyen, a fin de cuentas, la sal de la existencia.
Al igual que otros ámbitos de esta sociedad de la información, la escuela soporta, actualmente, una creciente inflación de cifras que desplazan la reflexión sobre las cualidades, generando dificultades a la hora de nombrar lo que verdaderamente importa: las sensaciones, los estados de ánimo, los sentimientos, los deseos, los gustos e intereses, los talentos, las actitudes, los sueños... Sobreabundancia de números que expresan, como mucho, afectos binarios,  tener o no tener, ganar o perder, pasar o no pasar, hacer o no hacer: ¿Cuántas asignaturas tienes?, ¿Cuántas te quedan?, ¿Y los exámenes?, ¿Qué nota media necesitas?, ¿Cuántas décimas?, ¿Cuántas horas lectivas?, ¿Cuántos grupos? ¿Cuántos alumnos?, ¿Qué porcentaje de aprobados?, ¿Y de suspensos? ¿Cuántos puntos? ¿Qué puesto en el ranking? ¿Qué porcentaje de repetidores? ¿De graduados y promocionados?...
Hasta el punto que muchos estudiantes, a la inocente pregunta “¿Qué tal te va?” reaccionan con un defensivo: “Las voy aprobando todas”. Aunque lo que queríamos saber es cómo se sienten, si están satisfechos, en qué proyectos andan o con qué cosas se entusiasman.
En su conocido ensayo sobre la esencia de la técnica, Martin Heidegger afirmaba que el cálculo es el corazón de ese importantísimo fenómeno humano: significa pasear por un bosque y, en lugar de contemplar su belleza, de componer un poema, o tararear una canción, afanarse contando las toneladas de madera (y los beneficios monetarios) que podrían obtenerse al talar los troncos de los árboles.
Junto a esa mirada “extractiva”, es posible también acercarse a la educación desde una perspectiva más cualitativa, atenta a los relatos, los sentimientos, las vivencias y experiencias, los saberes, las cualidades del aprendizaje y las tonalidades de la relación educativa. Un enfoque sensible a las continuas, sutiles y minúsculas variaciones, a la diversidad polifónica y siempre cambiante que es la vida. Porque, como suele decirse, no todo lo que se puede contar cuenta, ni todo lo que cuenta, se puede contar…, menos aún con cifras.

Heike Freire


Afirmar que la educación necesita un cambio urgente está de moda. Y señalar a los docentes como la charnela indispensable, se ha convertido en un lugar común. Lo que no está tan claro es qué queremos cambiar ni con qué fines; hacia dónde nos dirigimos…y, sobre todo, de dónde partimos. Se habla de éxito, de excelencia, de cuerpos de élite, de evaluación y retribución en función de los resultados…La escuela se equipara a la industria de producción de servicios y su empleo intensivo de mano de obra, para asegurar la calidad de los productos…. Sin embargo, considerar a niños, niñas y jóvenes un material para echar en un molde, y adjudicarle luego un número de serie, significa negarles su ciudadanía y sus derechos. Además, la misión del sistema educativo no es simplemente adaptarse al medio social y cultural sino, precisamente, contribuir a transformarlo.  
Por alguna razón, los discursos mediáticos evitan una reflexión profunda sobre el oficio de educar. Se limitan a repetir palabras grandilocuentes (algunas bastante desgastadas, por cierto), sin detenerse en los rasgos que caracterizan a un buen docente, con independencia de la etapa en que se desempeñe, más allá de su disciplina específica e incluso, de las pedagogías que le inspiren.
Buceando en mis recuerdos, puedo contar a las maestras y profesores que marcaron mi trayectoria académica, con los dedos de las manos. Aunque muy diferentes entre sí, todas tenían algo en común: eran personas especiales, atípicas, gente que se salía de la norma, "rebeldes" que rompían moldes. No se les podía encasillar en ningún papel, ni respondían a estereotipo alguno. Daban la impresión de sentirse libres para ser ellas mismas, más allá de las circunstancias. Y con su actitud, me invitaban a serlo a mí también.  Su mirada era capaz de atravesar las barreras de los convencionalismos sociales para encontrarse con la mía, en un espacio de igualdad y dignidad.
Me consta que apreciaban más el pensar y el sentir que el repetir y retener, porque sabían que los contenidos permanecen inertes si no hay un sujeto que los desea, se interesa, siente curiosidad, investiga, se entusiasma…: que les da una utilidad, un sentido. Y elegían confiar. Apoyaban nuestras iniciativas, por muy alocadas que parecieran. Preferían que deseáramos y reflexionáramos por nosotras mismas, aunque nos equivocáramos. Y nos enseñaban a sacar lo mejor de nuestros errores.  En el fondo, les gustaba la aventura. Vivían la vida de una manera atrevida, asumiendo riesgos.. Sabían que aprender es un viaje entre mundos con buenas dosis de misterio y caos… No les angustiaba perder el control. Eran humildes. Tenían convicciones profundas y trataban de ser coherentes, sin importarles demasiado lo que otros pensaran de ellas. Por supuesto, eran excelentes profesionales, pero también seres humanos únicos, personas amorosas que trataban a las demás con cariño y respeto, en lugar de manipularlos para lograr sus objetivos. ¿De dónde procedía esa forma de amor entre la philia y el ágape griegos? Tal vez simplemente de una elección consciente. De plantearse con honestidad la terrible pregunta: ¿Por qué estoy aquí y no en otro lugar?. Y responder sin vacilar: porque es donde quiero estar, porque no puedo hallarme, ser feliz, en ninguna otra parte.
Educar es ante todo una relación humana con las personas más sensibles y delicadas de nuestra comunidad. Seres en proceso de desarrollo para encontrar su propia forma. En lugar de cantidad de trabajo, moldes y y afecto entre e todo un poco de "el filia idado. as extraordinarias, sus objetivos. que enseña, pero tambiélites cortadas por el mismo patrón, requiere escucha, observación, comprensión, respeto, cuidado y responsabilidad. Una atención cálida que mira hacia el futuro, en esta época de inmediatez cortoplacista en que vivimos, como si no hubiera un mañana.

Heike Freire



Muchas de nosotras fuimos niñas “rebeldes”, en los años 60, 70 y 80: rechazábamos todo lo que oliera a una feminidad forzada y encorsetada; nos negábamos a asumir las actitudes típicamente “mujeriles” y preferíamos escalar rocas, embarrarnos en el lodo o tumbarnos a leer a la sombra de un árbol. Más tarde, defendimos la igualdad de género en nuestra vida personal, social y laboral…mientras escuchábamos que la causa del feminismo estaba superada, que las mujeres habíamos conseguido, finalmente, tener los mismos derechos que los hombres. ¿De veras?, preguntamos sacudiendo la cabeza para salir de aquel delirio quijotesco contra unos inofensivos molinos que, sin embargo, sabíamos gigantes.
Ha pasado el tiempo y, quienes soñamos con horizontes de mil colores, nos hemos despertado en un mundo rosa para las niñas y azul para los niños. Un paisaje de fantasías principescas, cuentos de hadas, juegos, películas y toda clase de artículos de consumo con versión masculina y femenina.
La igualdad resulta más formal que real: estamos lejos de haber conseguido la justicia política, social y económica a que aspiramos. Los valores sexistas salieron por la ventana, solo para volver a entrar por la puerta. Y en ese recorrido, la ideología patriarcal se ha ido metamorfoseando: ya no se limita a oprimir a las personas desde afuera, agobiándolas con ideales, normas y prohibiciones. Ahora se ha hecho carne incrustada en la identidad individual y colectiva, se ha transmutado en inferioridad moral y emocional, en una pérdida no solo de valor social sino, incluso, del sentido del valor propio…Resulta tópico afirmar que a las mujeres, en general, nos falta autoestima. Los manuales de auto-ayuda repiten el mantra hasta la saciedad: “Quiérete a ti misma”, ¿no fue eso lo que dijo Sócrates?
Tal vez ese amor debería inocularse en nuestros genes, verdaderos responsables, según la nueva pseudo-neuro-ciencia, de unas diferencias cerebrales que explicarían el “fracaso” del feminismo.   Ellos, y no las sutiles discriminaciones vividas desde el útero materno, dan cuenta de unas necesidades específicas que aconsejarían la vuelta a la educación segregada. En el bazar del todo vale, elija usted los argumentos que mejor le convengan…
Sin embargo, no parece genético que las niñas de 11 años estén mayoritariamente insatisfechas con sus cuerpos: precisamente cuando empiezan a desplegar sus atributos femeninos, dejan de sentirlos como una irradiación de su propia subjetividad, y empiezan a vivirlos como un objeto para otro…. La extraordinaria presión social y psicológica por lucir una figura “perfecta” es probablemente una de las causas principales de la estrepitosa incidencia de los trastornos de alimentación en la adolescencia.  Millones de mujeres de todas las edades, en todo el mundo, recurren a procedimientos estéticos cada vez más sofisticados y violentos para cambiar sus rostros, sus siluetas, sus senos o la apariencia de sus genitales.  Jóvenes, nacidas y educadas en democracia, reproducen voluntariamente modelos relacionales de sumisión-dominación, toleran comportamientos abusivos, poco respetuosos con sus derechos y libertades. La persistencia de una fuerte relación entre atracción y violencia, se combina con el alto grado de mercantilización y deshumanización de la sexualidad que interfiere en la capacidad de las personas para forjar vínculos sanos y auténticos…
Acaso fue un error pensar que con parecernos a los hombres sería suficiente. Imaginar que co-educar equivaldría a educar para la igualdad de género. O quizás los discursos escolares sean incapaces de competir con el poder de seducción que despliega el mercado. Posiblemente necesitemos conocernos mejor, comprender de qué modo, sin darnos cuenta, vivimos y transmitimos la ideología dominante. Y plantear una evolución conjunta de los roles, en el marco de una cultura del buen trato.
Estimadas lectoras y lectores,
os comparto el video del evento "Gestionando hijos" el pasado mes de diciembre en Madrid. Espero que os guste. Tengo que confesar que fue uno de los momentos más estresantes de mi vida. Cuando me subí al escenario descubrí un enorme cronómetro que hacía la cuenta atrás de los 17 minutos acordados y ya no pude quitar los ojos de él. Solo que cuanto más lo miraba, más nerviosa me ponía. Sentí una gran admiración por personas como Carles Capdevilla, capaces no solo de permanecer tranquilos en una situación como esa, sino incluso de divertirnos. Ya le he dicho a Leo Farache que seguiré practicando....aunque...no se -:)....



"No tengo ni idea de cómo aprendió a leer", respondió el educador inglés David Gribble durante una entrevista que mantuvimos hace casi dos décadas en Sands School. Me quedé estupefacta. ¿Qué clase de educador era aquel a quien no parecía preocuparle el progreso de sus alumnos ? ¿Qué les estaba enseñando? ¿Cuál era entonces su papel como maestro?
Tardé muchos años en darme cuenta que su actitud no respondía a una negligencia en el ejercicio de su profesión sino a una voluntad, consciente y meditada, de confiar y respetar al máximo los procesos de los alumnos permitiéndoles disfrutar de ellos. El simple hecho de intentar controlar el aprendizaje de los niños lo convierte en trabajo en lugar de placer y disfrute.
Hoy todo parece ir en sentido contrario y los estudiantes tienes cada vez más exámenes. Unos 300 por curso, entre controles, parciales, finales, recuperaciones, evaluaciones diagnósticas...y test de orientación.
La tendencia es además, a administrar pruebas cada vez más tempranas. Las cifras de los exámenes se han convertido en un indicador de competitividad entre los estados y sus resultados recuerdan a los de las ligas de fútbol. Lo que las estadísticas no cuentan es el estrés y el sufrimiento de los niños y adolescentes, ni el elevado índice de los que, incapaces de soportar la presión, deciden tomar algún tipo de fármaco o incluso suicidarse. Corea, por ejemplo, es uno de los primeros países en las listas de PISA, pero también en los estudios sobre infelicidad infantil. La manía de los test y las puntuaciones está asfixiando a alumnos y profesores. Muchos deciden negarse a administrar las pruebas de medida del progreso académico que les imponen los gobiernos. Argumentan que no es bueno para los estudiantes, resulta inútil para valorar los progresos reales en el aprendizaje, consume horas lectivas que podrían dedicarse a actividades más interesantes, y es muy costoso. Máxime cuando EXISTEN enfoques de evaluación más abiertos, continuos y vinculados con el aprendizaje.
Sin duda los exámenes son una de las principales causas de estrés, baja autoestima, depresión y otros problemas psicológicos en la infancia. No ofrecen las condiciones adecuadas para que una persona de lo mejor de sí. En lugar de medir sus habilidades reales, evalúan su capacidad para enfrentarse a situaciones de tensión, una variable que depende más de la calidad y calidez de su entorno familiar y afectivo, que del aprendizaje.
Estas son algunas de las razones que presenta el movimiento Students Agains Test, que está tomando fuerza en EEUU y otras partes del globo:
- Son un negocio para las editoriales,
- No resuelven los problemas educativos,
- Penalizan a los alumnos diferentes (de clase baja, de otras culturas, etnias etc)
- Se les concede una importancia exclusiva y desmesurada, llegando a sentenciar la trayectoria vital de una persona,
- Producen estrés y depresión
- Convierten las escuelas en fábricas de resultados y diplomas, donde los estudiantes son solo un número.
Curiosamente, cuando se pregunta a los alumnos por los exámenes suelen ser bastante conservadores, muy poco incendiarios. No piden que se eliminen definitivamente en pro de formas de evaluación más cualitativas y provechosas. PIDEN QUE SE RACIONALICEN. Que se elimine el EXCESO DE CONTROL. Y se combine con otros criterios.
Si solo les escucháramos...

Heike Freire 



Para quienes no pudísteis acercaros a mi conferencia en Florida Universitária, aquí tenéis una nueva oportunidad de encontrarnos en Valencia. Volem Créixer es una asociación de familias conscientes de la importancia de educar con la naturaleza. El domingo haremos tribu para caminar la ruta de los molinos de Buñol y trabajar con ese maravilloso espejo que es el mundo natural. Un espejo que nos ayuda a Crecer con nuestros hijos e hijas. Que nos enseña a sentir y a cuidar la vida. Estoy segura que será una experiencia apasionante para todas!


El escritor y activista budista Sulak Sivaraksa se ha convertido en un emblema para todo un sector de la juventud tailandesa, que sueña con un país menos “desarrollado” pero más justo, humano y sostenible, capaz de apoyarse en su historia y sus valores tradicionales para mirar con confianza hacia el futuro. Defensor de los pobres rurales y urbanos, este octagenario es uno de los líderes de la resistencia popular contra los excesos de la globalización y el desarrollismo económico que están transformando radicalmente el país. Acusado, en varias ocasiones, y condenado al exilio por criticar abiertamente la política del poderoso rey Bhumibol Adulyadej (Rama IX), Sivaraksa se mantiene fiel a sus convicciones y habla con la tranquilidad que le otorga medio siglo de resistencia pacífica a sus espaldas.

- Tailandia es actualmente la segunda economía más fuerte del sudeste asiático. ¿Cómo valora este espectacular crecimiento?
Mi valoración no es muy positiva. La moderna cultura económica ha contribuido al deterioro de los valores morales clásicos y de la visión espiritual del mundo, trastocando la comprensión de la existencia humana y de lo que constituye una vida buena y feliz. El desarrollo es exclusivamente material, a expensas del medio ambiente y de una distribución justa de la riqueza.

- Usted es muy crítico con la sociedad de consumo...
En un nivel profundo, el consumo recibe su vitalidad de la ilusión de autonomía del individuo, que la cultura occidental separa artificialmente del vínculo innato con sus iguales y con la naturaleza. Un ser humano solo, arrojado al mundo, con una existencia independiente de sus relaciones sociales y afectivas con los demás seres vivos.
Esta ilusión del “yo” es para los budistas la principal causa del sufrimiento. Nos volvemos ontológicamente extraños a los demás y también a nosotros mismos. Solo podemos realizarnos, en el acto de consumir: “compro luego existo” diría Descartes, si viviera hoy.

- Esta ilusión de separación ¿es la responsable de la destrucción del entorno?
Yo diría que sí. La cultura occidental está basada en tres ideas completamente erróneas: que la humanidad es independiente de la naturaleza, que los seres humanos somos dueños de la tierra, y que la felicidad resulta de adquirir bienes materiales.

- Pero nada está aislado...
Por supuesto que no. El mundo es un conjunto interdinámico, un todo cooperativo, una red de relaciones donde todo está vinculado con todo: sin la madre tierra no podemos sobrevivir, sin los árboles, o los ríos..Y pretender que somos propietarios del planeta resulta absurdo. En India, por ejemplo, el estado de Rajastán ha declarado que cada gota de lluvia pertenece al gobierno, que dará las oportunas concesiones, a compañías privadas, para venderla y comprarla. ¿Cómo se puede poseer la lluvia?. En cuanto a la felicidad de consumir...sabemos por experiencia que es momentánea...
 
- ¿Por qué nos gusta tanto comprar?
Los seres humanos venimos al mundo con la sensación de no estar completos, un sentimiento que la industria capitalista aprovecha para crear necesidades artificiales, y producir objetos que “garantizan” su satisfacción. Nos crea la ilusión que con ellos, podremos estar más atractivos, evitar el dolor, la enfermedad, la vejez, incluso la muerte. El consumo se dirige, exclusivamente, a la dimensión mental, material y económica del ser humano; potencia la ignorancia, el odio y la avaricia..., (las tres causas principales del sufrimiento según el Buda) y excluye otros aspectos más auténticos. Nos volvemos individualistas, mecánicos y egoistas.

- ¿Podemos evitarlo?
Sí, si limitamos nuestra avidez y codicia. Si somos conscientes que no necesitamos más; que podemos vivir de forma más austera, más sencilla..., sentirnos más ligeros con menos. Y si practicamos la generosidad: así comprendemos hasta qué punto nuestro bienestar y supervivencia dependen de la calidad de nuestro compromiso con los demás seres vivos. Además, es el mejor antídoto contra el miedo, porque refuerza la confianza en la vida.

- Se trata de encontrar la paz y la felicidad en nuestro interior...
Y también fuera. Como todo está interconectado, si solo te preocupas por tu felicidad, vas a crear más sufrimiento. En cambio, si te preocupas por la de los demás, te ayudas también a tí mismo. Te elevas desde lo mental a lo espiritual, a través de los otros. Y no estoy hablando solo de los seres humanos; me refiero a todos los seres sensibles. Esto es lo que dice la filosofía budista, pero debes aprender cómo practicarla.

- Entonces, ¿qué es la riqueza para usted?
Hace algunos años, James Wolfensohn, el antiguo presidente del Banco Mundial me hizo una pregunta parecida: ¿qué es la prosperidad desde el punto de vista budista?. Mi respuesta fue: ser próspero es estar presente, con plena atención en cada momento; es ser autosuficiente, es decir, no depender de fuentes lejanas para tu subsistencia; y sentirte satisfecho con lo que tienes. A nivel ecológico, la prosperidad se define como “más seres”. Cuanto mayor es la biodiversidad, más posibilidades hay de alcanzar la iluminación que solo puede realizarse colectivamente.

- Para eso tendríamos que cuidar la tierra...
Sí, pero no solo pensando en nosotros mismos, en obtener recursos, agua y aire limpios... etc, de una manera instrumental, como pretenden algunos ecologistas. Deberíamos cuidar de todos los seres sintientes porque son nuestros iguales y merecen cariño y respeto. Además, la naturaleza también nos cuida. Creer que solo nosotros la protegemos es una ilusión carente de humildad.

- ¿Cómo definiría el budismo?
Es una técnica para ayudarnos a salir de nuestro aislamiento. Cuando se practica conscientemente, permite transformar la avaricia en generosidad, el odio en compasión y la ignorancia en sabiduría. Su esencia es la no-violencia y la interconexión de todos los seres. Contrariamente a la sociedad de consumo, nos invita a enfrentar el sufrimiento; a darnos cuenta que es inevitable envejecer, morir..Y a comprender sus causas.
- No sabía que había “budistas activistas”
No me extraña. La espiritualidad, en Occidente, se ha difundido como una forma de escapismo. Para el auténtico budismo, solo crecemos espiritualmente a través de nuestro compromiso con los demás seres. No hay otra manera. Practicando la compasión, aprendemos a reconocer el sufrimiento de otros y tratamos de aliviarlo. Vivimos con los que se afligen y compartimos su dolor. Quienes pertenecemos a la clase media, por ejemplo, nos acercarnos a los pobres no para ayudarles, sino para aprender de ellos. En este país, centenares de monjes budistas han arriesgado su vida para evitar la deforestación y la explotación indiscriminada de los bosques. Esta es la verdadera práctica. 

-¿Cree que la educación podría cambiar el sistema?
La educación occidental fomenta la ilusión del ego y está basada en la codicia de conocimientos y diplomas. Además, tiende a alejar a los niños de sus iguales y de la naturaleza. El sistema escolar va siempre en un único sentido, del maestro al alumno, cuando debería ir en dos direcciones: ambos pueden aprender el uno del otro. Si eres humilde estás abierto y aprendes de todos los seres. También aprendemos de los árboles...

- ¿Puede darnos algún consejo?
Respirar conscientemente, sintiendo el amor, puede ayudarte a reestructurar tu conciencia. Así aprendes a elevarte a todos los niveles: físico, mental, espiritual... Y observar la forma en que piensas, porque el pensamiento puede ser muy útil, pero también puede ser dañino.

- ¿Tal vez meditar?
A través de la meditación se alcanza un estado de alegría, tranquilidad y armonía con uno mismo y con los demás. Pero debes elegir el tipo de meditación adecuado, que no fomente el escapismo: debe llevarte a confrontar el sufrimiento y a actuar para erradicar la violencia estructural que existe en la sociedad. Todo activista debería meditar y todo meditador debería activarse.