Queridas lectoras y lectores,
el próximo lunes 23 de octubre en la Eskola Aktiboa de Landabaso (Vizcaya) tendremos una sesión muy especial dedicada a la infancia y las pantallas. 
En lugar de la conferencia habitual, con preguntas y comentarios al final, el público participa desde el principio en la tarea de tejer o entretejer una conversación. Cada persona se implica "entera", con todo su ser, en un trabajo de escucha profunda, de sí misma y de los demás, que pone en juego los pensamientos pero también las sensaciones, emociones, imágenes, recuerdos y experiencias vividas. Las palabras "aladas", que decía Homero, son "hiladas", en una creación colectiva con sentido que deja impregnados a los asistentes de algo más que ideas, consejos y recomendaciones. 
Si podéis acercaros, os lo recomiendo de corazón.
Queridas lectoras y lectores,
En los últimos dos años y medio, muchas de vosotras me habéis preguntado dónde y cómo conseguir mi segundo libro que, desgraciadamente, estaba agotado. 
Tengo ahora el placer de presentaros una segunda edición, revisada y ampliada con las reflexiones y conocimientos que he ido acumulando durante este tiempo. Publicada con todo el cariño y el cuidado por la editorial Herder, la obra ha recuperado también su título original, lo que es para mí ¡una enorme alegría!.

Además de un trabajo sobre el déficit de atención y la hiperactividad, en niños y niñas, "¡Estate quieto y atiende!" proporciona una visión amplia de las dificultades que encuentra la infancia de hoy para desarrollarse plenamente: los problemas ligados al sedentarismo, al exceso de pantallas, a la falta de contacto con la naturaleza,  a la presión por los resultados, a la exigencia de "normalidad" y la consecuente negación de la singularidad de cada criatura. Desmitifica algunas de las creencias educativas más  arraigadas en nuestra cultura, como por ejemplo que:
- para atender y aprender es mejor estarse quieto; 
- los conocimientos científicos se incorporan escuchando explicaciones claras; 
- es posible enseñar contenidos cognitivos con independencia de la etapa de desarrollo y del estado emocional de los niños.
Por último, ofrece numerosas pistas e ideas para transformar los espacios educativos y familiares, introduciendo la naturaleza como nuestro mejor aliado.
Espero y deseo que disfrutéis de su lectura tanto como yo he disfrutado (re) escribiéndolo.
Un fuerte abrazo 

¿Donde comprarlo?


Educamos a nuestras criaturas para que se integren adecuadamente en la sociedad y la cultura pero ¿qué hacemos para ayudarlas a fortalecer sus vínculos con la naturaleza? ¿Cómo construimos espacios que favorezcan esa conexión profunda, un fondo de salud, bienestar, creatividad y habilidades del que podrán abastecerse a lo largo de toda su vida?.
En este taller planteamos los fundamentos y las principales herramientas de una pedagogía que cuenta con la vida.


Este jueves, en Pamplona, los bosques son ...Mucho más que madera!!!!
Estimados lectores,
os comparto una entrevista que me hizo recientemente la revista Educación 3.0. Espero que os guste. Un abrazo






Muy pronto, dos propuestas sobre educación en la naturaleza y autonomía infantil en la región de Murcia.  Os esperamos!


En sus investigaciones sobre los orígenes del lenguaje humano, los paleontólogos tuvieron que centrarse en los huesos del oído porque la laringe, y los demás fonadores, no fosilizan. Así fue cómo descubrieron que, debido a su adaptación al lenguaje, nuestra capacidad auditiva es más amplia y nítida que la de los demás primates. Con el tiempo, las características de este órgano acaracolado y tierno se han convertido en el criterio que permite distinguir al género homo, de sus parientes los gorilas, los chimpancés.., y otros homínidos. Los estudiosos aseguran que si hemos podido sobrevivir, es gracias a nuestra gran sensibilidad auditiva para detectar el sigiloso movimiento de un predador, o de una presa; pero, especialmente, para escuchar con claridad el habla de nuestros semejantes…
El destacado papel del oído, en la configuración de nuestra especie, vuelve a hacerse evidente en el desarrollo del bebé, capaz de reaccionar a la voz humana, ya desde el útero materno, entre las veintidós y las veinticuatro semanas de gestación.  ¡Casi tres años antes de que la criatura empiece a balbucear!…
Hay quien asegura que al equiparnos con dos orejas, y solo una boca, la naturaleza nos está indicando que escuchar es el doble de importante que producir palabras. Sin duda, la sabiduría se manifiesta en ese arte silencioso, por muchos conocimientos que despliegue el que se expresa. Ya decía Pitágoras que quien habla siembra, pero es quien escucha el que recoge la cosecha…
El “arte de la cóclea” es en verdad misterioso y difícil. Sobre todo, si tenemos en cuenta que escuchar no es lo mismo que oír: para lo primero, es preciso además comprender lo que se ha dicho. Y no se trata solo de entender racionalmente el discurso sino también de percibir las emociones, de ser capaces de proyectarnos, o mejor incluso, de vaciarnos, dejar de ser nosotras, empatizar con la otra persona.
Escuchar es un acto supremo de Respeto por el cual el oyente afirma la alteridad, la otredad, el radical e inalienable derecho a la diferencia del que habla. Un acto de aceptación, de acogida, de hospitalidad tan mágico que puede curar hasta los males más grandes, da igual que sean individuales o sociales, del cuerpo o del alma.
Por desgracia, en nuestra sociedad tecnológica, hiperactiva, narcisista y con problemas de atención, la escucha se está volviendo una flor rara, en inminente peligro de extinción. Tanto que algunos visionarios proclaman la emergencia de una nueva profesión con todo un futuro por delante: la de oyente; un servicio de pago que nos acercará a las delicias de lo que en otro tiempo llamábamos “sostener una conversación”.
Hoy la palabra, especialmente la que va (o debería ir) de abajo a arriba, tiene serias dificultades para atravesar la gruesa piel de las estructuras sociales. Tampoco en sentido contrario hay vestigios de comunicación alguna: solo el continuo martilleo de los mismos mensajes, retransmitidos una y otra vez, de mil maneras, por los innumerables y miserables altavoces. De lo micro a lo macro, un patrón idéntico tiende a repetirse: padres que no escuchan a sus hijos e hijas, los cuales a su vez, y dado que aprendemos a escuchar siendo escuchados, no escuchan a sus padres. Maestros y profesores que no escuchan a sus alumnos y viceversa. Directivos que no escuchan a sus empleados. Empresas que no escuchan a sus clientes. Dirigentes políticos que no escuchan a sus ciudadanos…
Mientras escribo estas líneas, es la tercera vez que la comunidad educativa de este país, estudiantes, padres y sindicatos, salen masivamente a las calles para protestar contra la LOMCE, una ley sorda, y los también ciegos y sordos recortes presupuestarios. Abandonan su trabajo porque no les queda otro camino que el de la protesta. Gritan para pedir un pacto educativo basado en el diálogo y la escucha. En esa cualidad que desde los orígenes nos hace humanas, entre otras cosas porque nos permite conocernos mejor, darnos cuenta de lo que nos pasa, de lo que la palabra y la presencia del otro provocan en nuestro interior. Porque escuchar también es escucharse. Igual que leer.

Heike Freire

1.- Algunos profesores de bachillerato afirman que sus alumnos no piensan

2.- La mayoría de los pedagogos llevamos años diciendo que hay que estimular la capacidad crítica de los estudiantes. 

Veámos cómo lo estamos consiguiendo:

a.- Ejemplos de preguntas en el examen de filosofía de la PAU española:

 . Explicar el problema de la moral en Aristóteles y desarrollar las principales líneas del pensamiento de este autor.
. Desarrollar el problema de Dios en un autor medieval
. Desarrollar el problema del conocimiento en un autor que no pertenezca a la época moderna ni a la contemporánea.
. Explicar la cuestión de la sociedad en Rousseau y desarrollar las principales líneas del pensamiento de este autor.

b.- Ejemplos de preguntas en el examen de filosofía del bachillerato francés:

. ¿Es el deseo ilimitado?
. ¿Nuestras convicciones morales se fundan en la experiencia?
. ¿Trabajar menos es vivir mejor?
. ¿Es necesario demostrar para saber?

Cuando hace algún tiempo le pregunté a un chico de 11 años, en un barrio popular del extrarradio madrileño, por qué hacía todos los días los deberes y se esforzaba con los estudios, su respuesta me impresionó tanto (siempre me tomo muy en serio las opiniones de los niños) que no he conseguido olvidarla. Dijo con un tono afectado, como si estuviera explicando algo que todo el mundo sabe: “porque si no hago esas cosas, de mayor seré mendigo y tendré que dormir en un banco”.
Precisamente este invierno se ha instalado en un antiguo banco cerca de mi casa (no del mobiliario público, sino de la empresa financiera), un señor de larga barba blanca y pantalón a jirones, con sus plásticos, sus botellas y sus cajas. Confieso que al verle por primera vez, además de preguntarme si sería un afectado de las hipotecas, estuve tentada de interrogarlo acerca de su infancia: ¿de pequeño solía usted hacer los deberes? ¿O prefería salir a jugar y divertirse?. Finalmente, no me atreví; me resultaba penoso, cruel y hasta kafkiano imaginar la absurda escena, mi estúpida pregunta y el rostro atribulado del “sintecho”, quizás balbuceando una respuesta…. Se mire como se mire, verse privado de un hogar, de un domicilio, es un castigo excesivo, totalmente desmesurado, por no pagar una deuda… o no cumplir con un deber…
Después, me pareció probable que, siendo niño, el pobre hombre conociera aquella época “feliz”, cuando disfrutábamos de una cierta “benevolencia” adulta: la sabiduría de la espera, el conocimiento de lo que puede y no puede exigirse a una  criatura, la aceptación de la infancia como una etapa distinta.... Un tiempo en que no existía la presión académica porque lo esencial era aprender a leer, escribir y calcular. Antes que organismos internacionales como la UNESCO y la OCDE se empeñaran en vincular el rendimiento escolar con el éxito profesional y la competitividad de las naciones... Una relación que, por cierto, no está clara e incluso ha sido desmentida por diversos estudios...
Educar para conseguir un empleo el día de mañana es olvidar que la sociedad está formada por algo más que economía y mercados. Obviar que además de buenos trabajadores, necesitamos buenos ciudadanos, buenas personas, hijos, compañeros, amigos, padres y madres…
La generación y promoción de unos valores sociales, de manera holística e integrada, no es algo que pueda dejarse exclusivamente a la familia y menos aún a la iniciativa privada: es en la esfera de lo común, de lo colectivo y de lo público donde se definen las cosas que son importantes para un grupo humano.
Si la “huelga de deberes”, recientemente convocada por CEAPA, ha sido o no un acierto, dependerá de cómo se ha vivido en cada casa y en cada centro, en cada relación familia-escuela. ¿Hemos convertido una vez más a la infancia en un campo de batalla? ¿Los alumnos se han visto atrapados entre dos fuegos (¡Haz los deberes!, ¡No hagas los deberes!)? O bien, ¿hemos sabido escuchar, abrir un debate saludable y permitirles participar con sus ideas?.  ¿Nos limitamos a buscar culpables? ¿Acusamos a los padres de sobreprotectores, de inmiscuirse en la labor docente y faltar al respeto? ¿O somos capaces de atender una llamada a la sensatez, la disensión y el diálogo?  ¿De aprovechar la ocasión para manifestar públicamente juntas, familias y escuelas, nuestro rechazo a un sistema cada vez más inhumano, exigente e intransigente? ¿A una “cultura” que crea exclusión y desigualdades, que no respeta las diferencias individuales?. ¿A una educación centrada en la repetición sumisa en lugar de la creación gozosa, en la obligación más que en la pasión, el interés y la motivación?.
La cuestión de los deberes es pues una excelente oportunidad para repensar la escuela, sus fines, sus métodos y su capacidad de relacionarse con el entorno. Para apostar definitivamente por el bienestar, la salud y la felicidad de nuestros niños y niñas, unas sensaciones que, a fin de cuentas, están en la base de cualquier aprendizaje auténtico.
Estimadas lectoras,
Con mis queridos amigos Pilar y Javier, de Ur Tanta Eskola, hemos organizado un fin de semana de encuentro y reflexión sobre dos temas que a todas nos preocupan:
- La gestión de la tecnología en la infancia:
¿Qué efectos tienen las nuevas tecnologías sobre los niños y las niñas? ¿Son todas las pantallas iguales? ¿Cómo utilizarlas para que sean beneficiosas en las distintas etapas? ¿Se pueden compensar sus efectos negativos? ¿Cómo equilibrar su uso con otras actividades? ¿Tengo que poner límites? ¿..?
- Y El desarrollo autónomo de niños y niñas:
¿Qué papel juega la autonomía en el desarrollo infantil y juvenil? ¿Por qué es tan importante? ¿Cómo apoyo a mi hijo o alumna para que desarrolle plenamente sus capacidades? ¿Qué tipo de acompañamiento realizar según el ámbito, la edad y las cualidades de cada criatura? ¿Cómo encontrar un equilibrio entre la invasión y la negligencia o el abandono?
Espero que la nieve venga a visitarnos en el hermoso mes de enero navarro.
Un abrazo y hasta pronto!





“Sí señorito. A mandar que pa eso estamos”, repiten de carrerilla, con la mecánica inconsciencia de dos autómatas, Régula y Paco, protagonistas de Los Santos Inocentes, la famosa novela de Miguel Delibes, llevada magistralmente al cine por Mario Camus. Todo un retrato de la España Negra, brutal y opresora, enemiga de la razón y la inteligencia, visceralmente conservadora. Poblada de individuos conformistas y sumisos, sin derechos ni dignidad, esclavos a los que se ha arrebatado su voluntad… y hasta su alma: “esa Milana bonita”.
Un país que Giner de los Ríos y sus compañeros de la Institución Libre de Enseñanza intentaron transformar, hace más de un siglo, con dos sencillos pero poderosos remedios: educación y cultura.
La confianza en las virtudes liberadoras de la pedagogía animó, sin duda,  gran parte de sus reflexiones, acciones y desvelos: ¿Cómo enseñar a los españoles a ser dueños de sí? ¿Cómo educarlos para conseguir “lo único que nos hace falta: un pueblo adulto”? .
Pasar de la dependencia, que caracteriza la etapa infantil del desarrollo, a la plena autonomía, a la capacidad de vivir siguiendo las propias reglas, requiere algo más que números y letras, saberes y destrezas. De hecho, la acumulación arbitraria de información y conocimientos tiene, según Giner, efectos desastrosos sobre la voluntad y el entendimiento humanos: al ser incapaz de formarse ideas propias o de tomar decisiones con criterio, el juicio oscila y la conducta resulta errática e inconsistente. Quien ha sido “medio instruido” desde la coacción (ya sea en sus formas más violentas o en las más “suaves”) tendrá que llenarse de valor para atravesar el miedo al castigo, soltar la vergüenza de sentirse “inadecuado” e imperfecto, y liberarse de la culpa por no obedecer y ser “malo”. Deberá aprender a resistir, abandonar la respuesta condicionada, el “Si señorita” y empezar a rechazar esa propina, a responder con aquel “Preferiría no hacerlo” del taciturno Bartleby, en la novela de Melville. Una resistencia pacífica que el propio Don Francisco practicó, junto a sus colegas universitarios, negándose a firmar unas condiciones abusivas, a renunciar a su derecho a pensar libremente, a comerciar con lo más preciado que una persona puede poseer: “la propiedad sobre sí misma”, en palabras del filósofo alemán Max Stirner.
Giner estaba convencido que solo una auténtica “educación interior” puede contribuir a transformar nuestra sociedad. Un concepto “topográfico” con el que no solo se distancia de las meras pedagogías adaptativas, cuya intención es amoldar a  la persona a las circunstancias laborales, sociales y culturales externas; también condensa, en dos palabras, toda una filosofía, una estrategia y una práctica educativas que, desde mi punto de vista, siguen siendo, hoy en día, de rabiosa actualidad...
Educar el ser (y no solo el hacer o el conocer) desde el interior, implica un absoluto respeto al carácter único e irrepetible de cada individuo, a su capacidad de dirigir su vida, de auto-educarse. Significa permitir y apoyar la conexión, íntima e intuitiva, con  su propia sabiduría interna, con la infinita inteligencia de la vida, que cada organismo lleva dentro de sí. Contribuir al descubrimiento de los propios valores a través de una relación cercana, intelectual y afectiva, con una persona adulta. Es practicar una formación holística e integradora que favorezca la expresión de todo el potencial humano. Y favorecer la construcción de una comunidad acogedora, cuidadosa, formada por ciudadanos con conciencia moral, libres y responsables.
En pos de esta misión, Giner estaba dispuesto a entregar su vida, aunque en voz baja, sin grandes aspavientos, con la humilde y callada labor de un maestro cualquiera. 
Hoy, ciento un años después de su muerte, es preciso rendir homenaje a un profesional ejemplar (seguramente el mejor pedagogo que hemos tenido). Permitir que su mensaje, directo y sincero, nos sigua (re) moviéndo, nos devuelva al sentido, como una brújula que nos pone en camino. Más vital y, por supuesto, más cercano que Howard Gadner. También más discreto, sin ruido, como el viento cuando no sopla. Crepúsculo de los bueyes.

Heike Freire